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UNIVERSIDAD POR RESULTADOS

Posteado a las 12 de Mayo de 2012 - 13:16 0 comentario
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Una idea loca educativa más para que nadie le preste atención. Desde luego que no soy un experto en educación superior, y, quizá por eso, sirva de algo mi mirada fresca y “externa”.

La más reciente reunión de UNESCO sobre educación superior se satisfizo, aparentemente, con incluir menciones la necesidad de incorporar al susodicho nivel terciario las propuestas de “inclusión” y “atención a la diversidad”. Admirable. Con este gran triunfo deliberativo, mil especialistas de 150 países alcanzaron por fin, y de nuevo, un consenso superficial y bobo con el que -salvo los activistas de la Jihad, algún partido político fundado hacia 1921 y hoy proscrito en Europa, o sus disparatados seguidores actuales- todos sabemos estar de acuerdo.

Si se trata de enfrentar los retos educativos y profesionales del siglo XXI (y en particular los alucinantes y a veces vergonzosos retos peruanos) por ahí, me temo, no es.

Las universidades vienen de muchos colores y formas, pero una cosa que -sin querer queriendo- las agrupa a todas es su atención a las demandas del mercado. Este mercado puede ser el del mundo profesional, el del financiamiento de ciencia aplicada, el mercado de voluntades y caprichos políticos de los gobernantes, o algún otro, pero siempre se trata de una demanda exterior que genera una dinámica interna de aproximación a esa demanda. Es esta dinámica la que quiero revisar.

La mayoría de los expertos cuyas propuestas leo o escucho sienten que lo históricamente válido para una universidad es, precisamente, su universalismo. Un portafolio amplio de miradas expansivas acerca del mundo, sin propósito acotado o específico, será siempre preferible a uno estrecho; no  sólo por las peculiaridades de los adolescentes, y su reciente  “barbarización”; sino por algo que, con mayor o menor precisión, los Amos de la Academia vinculan a esa especie de tramado básico del modo como aprende el Homo Sapiens Sapiens, y que (aunque ninguno de ellos, ni yo tampoco, sabemos cómo es en realidad) guía todas estas políticas. La universidad apunta para todos lados, como el bastón de un ciego: lo hace porque sigue cierta “lógica del saber”, cierto patrón de indagaciones-y-aplicación que es, creo, grecorromana en el origen y napoleónica en su factura, incluso hoy en día.

Disputemos esa lógica.

Cuando llamo a un carpintero a mi casa (nunca lo hago, pero supongamos…) no le pido que recorra las habitaciones y piense qué se le ocurre que podría yo necesitar. Sé lo que necesito: necesito un armario acá, o un par de bancos fuertes allá, o reparar la pata de aquella mesa. Le muestro esos problemas y le pido que los resuelva. A cambio de eso, le pago. Eso se llama trabajo por producto.

Qué tal una Universidad Por Producto?

Qué tal sería reorientar la producción intelectual de una organización terciaria no según los sabios tsunamis del mercado y las vastas amplitudes de la curiosidad humana, sino según un set discreto de objetivos definidos según una necesidad comúnmente identificada?

Pienso en algunos ejemplos.

Una universidad a la que se le encarga anticipar y aliviar la escasez de agua en la costa peruana durante los próximos 50 años.

Una universidad a la que se le encarga eliminar el apedreo a mujeres.

Una universidad que se encargue de administrar la UGEL San Juan de Lurigancho con el compromiso de duplicar los resultados de aprendizaje escolar en cinco años.

Una universidad que se compromete a obtener leche de ballena nutricionalmente significativa.

Una universidad cuyo cometido sea atender el dilema de la representatividad de los pueblos indígenas y de los peruanos en general, desde los hechos más cotidianos hasta su expresión constitucional.

Una universidad que estudie, analice, proponga y logre normas de convivencia antibullying en las escuelas.

Una universidad que estudie, defina, trace y maneje en concesión un ferrocarril Trujillo-Yurimaguas.

Mientras elaboro un poco más el modelo de administración de estas utilísimas instituciones, acepto ideas adicionales…

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abr
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ANTAURO AL ÁREA 51

Posteado a las 3 de Abril de 2012 - 15:12 2 comentarios

El gobierno parece seguir en la dirección correcta en cuanto al manejo económico, pero más porque parece dejarse llevar por la corriente que porque se lo dirija con alguna intención coherente con el resto de sus acciones. El conjunto da la impresión de una deriva que, con ser cómoda, ciertamente desaprovecha las oportunidades que se presentan y adormece los reflejos políticos que se requerirán crecientemente en las próximas semanas. Parece convencido de que calmando los conflictos con los mineros de Madre de Dios y otros conflictos menores (el caso de Sechura en Piura) llegaría en óptimo estado político para -después de Semana Santa- enfrentar la nueva protesta de Conga y el rosario de desmanes solidarios que la sucederán a partir del Paro del 11-12 de abril.

Este escenario no es verosímil. Es claro que ante las aguas agitadas por los conflictos sociales, por carecer de inteligencia preventiva y gestión eficaz el gobierno ha adoptado una política de treguas y paños fríos a posteriori –incluso negociando con sectores fuera de la ley– que reduce o posterga  la posibilidad de resolver los problemas sociales nuevos y/o preexistentes. Este empleo de la tregua como herramienta de solución de conflictos conduce a que al hipotético conflicto “solucionado” se lo tome como sinónimo de “inclusión”, cuando en realidad lo que provoca es un embalsamiento de aspiraciones y conflictos calmados pero de ninguna manera resueltos, y mucho menos de aspiraciones locales satisfechas. En contra de las expectativas de Palacio, el escenario podría volverse más espinoso de aquí hasta el final del gobierno, cobrando en adelante el aspecto de una permanente crisis política.

Objeto Etnocacerista No Identificado sobrevuela base secreta del U.S. Army. Aparentemente estudia oportunidades de alojamiento.

Objeto Etnocacerista No Identificado sobrevuela base secreta del U.S. Army. Aparentemente estudia oportunidades de alojamiento.

Ciertamente, la reciente entrevista a Ollanta Humala -luego de 84 días de empecinado silencio- no logró eliminar en la opinión pública la percepción de un gobierno con diversos asuntos fuera de control y de un presidente que carece de cálculo político y manejo de tiempos para afrontar las crisis. Más allá de la anécdota de dejarse oír, la opaca intervención presidencial tampoco trascendió: no se ha replanteado la agenda política ni de gobierno y seguimos con la sensación de inercia. Por lo demás, parece que aparte de la prensa política, a nadie le importa realmente si el presidente habla, calla… o traslada. Justo es decir que el traslado de Antauro a la Base Naval ha sido aprobado por todos salvo por los cuatro locos (genéticamente vinculados) que creen que el prisionero es el gobernante y viceversa. Uno se pregunta a dónde lo trasladarán la próxima vez, al Área 51?

Ante ausencia de mando visible y con una primera dama elocuente es natural que se fortalezca en la opinión pública la imagen de Nadine Heredia, quien además suele satisfacer la boba demanda periodística por protagonismo en opiniones y apariciones: ese ‘Al Fondo Hay Sitio’ político que es más mediático que popular. Su empleo del avión presidencial ha sido objeto de críticas, pero más fundamental -y preocupante- es el hecho de que no parece valer para ella el imprescindible sistema de checks and balances que debe limitar cualquier poder en una democracia. Pese a lo sostenido por el presidente, ante Heredia no parece haber partido, defensoría, oposición, contraloría o poder capaz de supervisar, restringir o compensar su accionar político.

Curiosamente, es en el Congreso donde al gobierno le va mejor. Tras el anuncio de posibles interpelaciones a tres ministros, y el impasse con cancillería a causa del asunto de la fragata, el contar con un gabinete todavía indemne cuenta como un triunfo político bien suministrado por sus congresistas y la mesa. Es muy probable que los cuestionamientos se diluyan después de los feriados de Semana Santa, aunque a mí me parece que el Minsitro de Justicia tendría que explicar por qué su comunicado llama “mandos medios” a la plana mayor del MRTA y al Camarada Feliciano. Mandos medios, mi media.

"Mandos medios" del etnocacerismo reclaman que su jefe ha sido abducido y piden una prueba de vida

"Mandos medios" del etnocacerismo reclaman que su jefe ha sido abducido y piden una prueba de vida

Este escenario de gestiones ministeriales insuficientes o con voluntad de parche y esta percepción de ingobernabilidad pueden volverse permanentes, de manera muy semejante a largos periodos de la administración de Alejandro Toledo durante las cuales se veía a un gobernante disminuido que sólo intentaba “durar” en el cargo, sostenido por los partidos de oposición y una economía en “piloto automático”. Pero, nuevamente, una cosa es piloto automático y otra estar a la deriva llevado por la corriente -aunque ésta fluya en el sentido de lo que podríamos llamar ahora “el consenso de Vargas Llosa”.

El régimen de Humala se ve forzado a ocuparse de temas distintos a los importantes para el país, como la situación, privilegios, amenidades, vicios y demencias que goza o sufre Antauro Humala o las ya citadas críticas al excesivo poder de la primera dama, mostrando cierto reconocimiento a su incapacidad de enfrentar conflictos sociales y ­­–posiblemente- la convicción íntima de que ya no se podrá revertir dicha situación en el presente gobierno. De ahí que le resulte tan importante, en lo político, priorizar la aprobación del proyecto Minero Conga por encima de cualquier otra consideración. Mientras que el gobierno ha favorecido esta “conguificación” de la agenda política y de estrategia nacional, la Región Cajamarca ya anunció que irá a un paro a la salida del informe técnico, sea lo que sea que diga éste. Las iniciativas contra Conga ya le han servido a la izquierda como un posicionador importante, y esta oposición política no necesita esperar el resultado –si Conga va o no va- para tener derecho a felicitarse a sí misma.

Marco Arana, en particular, emerge como el que mejor jugó sus piezas en este certamen, y ahora se moviliza hacia el sur para intentar unificar las protestas bajo el tema general del agua; etnocaceristas y agrupaciones indígenas lo tienen como orador invitado a eventos claves en los próximos días.

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  1. Raul |escorts Posteado: 9 de Abril de 2012 a las 11:55

    El gobierno no aporta soluciones, solamente aplica lo que los bancos,empresarios(patronal) y nuestra amiga alemana y nuestro amigo francés le dictan,vaya desgracia de presidente y de gobierno.

    http://www.elsexoesfacil.com

  2. David Roca Basadre Posteado: 4 de Abril de 2012 a las 23:29

    O miente usted o está desinformado, lo que es igualmente grave si funge de comunicador. Marco Arana hadeslindado abiertamente y en conferencia de prensa de antauristas y de senderistas y todo tipo de grupo violentista. Estos grupos le han declarado la guerra a él y a su partido Tierra y LIbertad, y basta ver sus páginas para saberlo. Los grupos indígenas, que son grupos de peruanos, no están representados en Pizango, un aria que seha hecho reelegir al estilo Fujimori y ha creado con eso una crisis en AIDESEP. Por solo aclararle algunas cosas.

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EL RETORNO ACELERADO

Posteado a las 2 de Abril de 2012 - 10:59 0 comentario

En el post anterior anoté algunas consideraciones que creo que hay que tener en cuenta a la hora de hacer política educativa en el Perú. No importa a qué lado del espectro político se encuentren quienes trazan el derrotero de la educación, enfrentan terreno ideológicamente minado en su avance: desde un lado porque pone demasiada confianza en las bondades colaborativas y sociales del espíritu humano, y desde el otro porque apuesta demasiado a que los decisores toman decisiones racionales en el mercado de servicios educativos. La realidad demuele esas dos presunciones: en el Perú, sostuve, no se demanda verdaderamente conocimientos, se demanda la fachada representada por el cartón o el certificado. Y una de las razones de esto, anoté, es que la demanda del servicio educativo de calidad ha olvidado para qué la quería. Continuaré aquí desde ese punto, empezando por el intento de algunos países de “corregir” estas desviaciones mediante una intervención en el mercado de la oferta educativa.

Cómo salir del calabozo de los bajos resultados educativos? Una posibilidad es pagar a los padres por la mejora de resultados de sus hijos.

Cómo salir del calabozo de los bajos resultados educativos? Una posibilidad es pagar a los padres por la mejora de resultados de sus hijos.

Algunos países, en efecto, han ideado maneras alternativas de financiar la educación, dirigiendo los recursos no a la oferta, sino a la demanda: crédito educativo o vouchers. Otros, sea o no en combinación con estos sistemas, remuneran o premian a los maestros en función del desempeño de los alumnos. Con ser dignas de consideración, y urgentes para algunos –en el MED manejé un piloto que, con apoyo del Banco Mundial y supervisión de GRADE colocaba en los padres la posibilidad de premiar a los maestros de sus hijos–  estas soluciones no nos sirven o son incompletas porque no abordan la cuestión principal que hemos descrito: pues hemos visto que no se trata de un problema de colocación de recursos, sino de evidencias de la productividad de estas colocaciones.

Propongo que la tarea de educar a la demanda debe concentrarse en generar estas evidencias, o reforzarlas. Una manera de hacerlo, vista la voluntad de intervenir mediante programas de ayuda social, es que el Estado acelere artificialmente el ciclo de retorno, premiando a los padres más pobres (no a los maestros) por las mejoras en el desempeño de sus hijos, en un ciclo anual.

En JUNTOS, y en otros esquemas de cash transfer condicionados a familias de extrema pobreza (por los que pagamos al penúltimo por alejarse del último) hay que lamentar que las condicionalidades de educación se centren en lo binario: en la provisión localizada y oportuna del servicio, en la asistencia o promoción del alumno… mientras se descuida la escala de calidades posibles, el qué y cuánto aprenden no sólo los estudiantes, sino sus familias; en suma, el modo de revertir el extraño pacto social que describo en el post anterior.

Por el contrario, un esquema de retorno acelerado funcionaría en zonas de mayor pobreza, evaluando a los alumnos de menor desempeño contra pruebas estándar muy simples (por ejemplo, velocidad de lectura) que serían administradas de manera independiente para evitar la venta de notas. Los padres de aquellos estudiantes que aprueben el nivel requerido serían premiados en dinero, y con un vigoroso mercadeo de ideas, exhortados (pero no obligados) a invertirlo en generar mejores posibilidades de hacer lo mismo en el año próximo, es decir, en la educación de sus hijos: asegurar su presencia en la escuela, adquirir material educativo complementario al que proporciona el Estado, contratar privadamente horas extras del profesorado que elija, etc. Este proceso es virtuoso no sólo porque ayuda al alumno, sino porque educa a los padres brindándoles un estímulo directo a la inversión en la generación de bienestar vía la educación,  mientras les muestra diversas vías y estrategias para lograrlo.

Para tranquilizar a quienes se dedican a la oposición binaria, ni falta hará destacar que este programa de retorno acelerado no es un sistema de vouchers al estilo liberal, por demás inaplicable en zonas de población muy dispersa. Tampoco es privatización, salvo en el sentido profundo por el cual las familias y sus quehaceres son indiscutiblemente privados.

Para ser evaluado, un programa como éste debe ensayarse sin prisa, a escala pequeña y en rigurosas condiciones experimentales. Desde luego que hay riesgos y posibles vicios que deberán ser vigilados, como el de abrir una puerta a la violencia familiar como herramienta para exigir resultados a la prole (el incremento de la exigencia a todos los actores del sistema es precisamente el efecto deseado). También debe imaginarse la sostenibilidad del esquema de cara a su posible expansión, sin olvidar las posibles resistencias que ejercerán algunos de los actores tradicionales del sistema, acostumbrados a reclamar tan sólo la (también imprescindible) mejora de la oferta educativa.

El premio Nóbel de Economía Douglass North llama path dependence (que podríamos traducir por “adicción al riel”) al hecho de que las naciones suelen seguir siendo lo que son: si logran cambiar, lo hacen lentamente. Suprimamos la prisa: suficientes pensadores han mostrado que ella cortocircuita la razón. No se sale rápidamente de una situación en la que profundamente instalados en el sistema hay no sólo déficit, sino desprecios por la verdad y el conocimiento. Tal es el caso de nichos que, como he mostrado, como el mismo MED, no sólo toleran estas fachadas sino que en muchos casos parecen requerir un nivel dado de carencias para seguir funcionando de esta manera sistémica, si bien poco virtuosa. Mucho menos se sale de ello con un cambio cultural súbito, sea de inspiración política o de emoción social: cualquiera fuere su color, calor o inspiración.

Si ha de educarse alguna vez, la sociedad civil peruana debe primero conocerse a sí misma. Y nada asegura que este vaya a ser un trance rápido, ni tampoco placentero.

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abr
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LA EXITOSA MALA EDUCACIÓN

Posteado a las 2 de Abril de 2012 - 10:32 0 comentario

Pasado el bolondrón anual de la prensa acerca de las carencias percibidas al inicio de todo año escolar, y el espanto ritual ante los resultados de la evaluación censal de estudiantes de segundo grado (que muestran poco o ningún avance en logros desde 2004), la atención pública se enfoca ahora sobre los mejores lugares para pasar la poco santa semana, la última semana del año con relativa paz social, porque en la quincena de abril se incendiará la pampa…

Para la mayor parte de quienes demandan educación en el Perú, los logros de aprendizaje no interesan. De poco sirve la vistosa inquisición que se monta cada marzo frente a los problemas educativos.

Para la mayor parte de quienes demandan educación en el Perú, los logros de aprendizaje no interesan. De poco sirve la vistosa inquisición que se monta cada marzo frente a los problemas educativos.

Y, claro, las reflexiones sobre educación pasarán al quinto plano y a la invisibilidad que siempre le corresponden. Trataré de ir contra esa ceguera popular garabateando aquí, a destiempo, las mías a propósito de las posibles estrategias para revertir los bajos resultados de logro educativo.

Algo que siempre se ha sabido, pero poco se rescata a la hora de hacer estrategia, es que con frecuencia nuestra demanda por educación -os padres de familia- tienen un menor nivel cultural que el de los agentes de la oferta del servicio -los maestros, los administrativos- que ya es baja.

La sociedad civil verdaderamente existente apenas si demanda educación. Demanda, sin duda, los ademanes de la educación: la fachada, el cartón. Esta exigencia es binaria. Si no hay escuela, tal como se les ha enseñado a entenderla (es decir, si falla la combinación gratuita, oportuna y anual de techos, paredes, servicios higiénicos y maestro) los padres inmediatamente se hacen visibles, “participando de la educación de sus hijos”, es decir llenando esforzadamente los huecos de este modelo. Una vez que está listo el techo o contratado el maestro, la participación recede, eventualmente se anula. Tal es el talante inmensamente mayoritario de nuestra sociedad civil y de la prensa que la nutre, ávida de noticias simples y –ella también– galopante. La sociedad civil realmente existente no demanda los contenidos de una verdadera educación. Por eso nuestra primera tarea, como sistema educativo, es educar a esta demanda, lo que es harto más difícil que afinar la oferta.

Nótese que un liberal opinaría lo contrario: que, puesto que tal es la demanda, la mano invisible no hace sino ajustar a ella la oferta, y que nadie debería intervenir para regular esta fina correspondencia entre demanda binaria y ofertas─máscara. Es lo que ha sucedido de hecho, con los pobres resultados que vemos. Proponerse cambiar esta cruel entropía sea desde la acción del Estado o desde una iluminada vanguardia es, en cualquier caso, una opción de intenso color político.

Como explicación del presente estado de cosas, propongo que la causa singular más potente para los bajos resultados de la educación en el Perú no es la deficiente oferta que hace el Estado, sino la referida escasa demanda que ejercen las familias. Se ha dicho que algo debe estar profundamente desconectado entre nosotros si durante treinta o más años la sociedad civil peruana no ha detenido la caída libre de su sistema educativo, si durante los pasados diez de mediciones precisas no ha revertido las tendencias… Pero si la calidad de la educación peruana no aumenta es porque no parece necesario.

Propongo que los sucesivos gobiernos peruanos y las sociedades que éstos y la prensa mediocre mantienen domesticadas ─ése es el orden local de las cosas─ han encontrado cómo medrar con un ciudadano (un votante) “mal─educado”. Pero, ojo, no se trata de una defraudación, puesto que la fe pública o bien logra revender como genuino el producto que recibe, o bien no desea tal autenticidad, habiendo comprobado que no la necesita. Muchos analistas coinciden en que en el Perú actual el conocimiento no es necesario: que hay más mercado para la suerte o la trampa que mercado para el conocimiento.  Hay, eso sí, mercado para las fachadas de conocimiento: para la acreditación (oficial pero no menos ficticia) del conocimiento.  Se cumple en un amplio ciclo: hay mercado para maestros que fingen que saben, para estudiantes adiestrados en fingir que saben,  para una educación superior que los gradúa asegurándoles que saben, y en suma, como hemos visto en la primera parte, para un espacio profesional de saberes tramposos. Y el Estado avala todo eso, en una alianza vil entre el aparato de poder y esta estructura de ficción y embuste. ¿Cómo llegamos a esta situación nefasta?

En teoría no debiera ser así. En un mundo razonable, lejos de pactos sociales degradados, las familias invierten una porción considerable de sus recursos ─tiempo, dedicación, dinero─ en educar a su prole. El supuesto que sin duda las motiva es que la educación proporcionará el diferencial en aprendizajes que se deberá traducir en incrementos de productividad (ejercida en el mundo del trabajo) y por tanto en retornos al grupo en la forma de bienestar a largo plazo. Procedemos así en parte por disposición genética (delfines, lobos y otros mamíferos sociales predadores operan de la misma forma) pero, mucho más, por una vieja convención cultural que actúa bajo un sinnúmero de eslógans, todos variantes del efectivo “Quien estudia, triunfa” horaciano.

La larga historia de la educación ha hecho cada vez menos evidente y más indirecto este supuesto básico. Del joven agricultor neolítico que era capaz de planear apenas unos años por anticipado pero en ese plazo educar a su prole masculina en las habilidades pertinentes, al posmoderno jefe de familia que se ve en la necesidad de destinar veinte o veinticinco años a la educación de hijos (y ahora también hijas) procreados a lo largo de periodos cada vez más largos, hay un menoscabo de las evidencias del retorno, puesto que el bienestar pareciera postergarse de manera indefinida.

Por añadidura, la certeza de los retornos se ha relativizado a causa de la presencia reciente del Estado moderno, que intervino dotando de materiales e infraestructura, pero principalmente preparando y pagando a maestros profesionales en un servicio estandarizado y supuestamente más competente que el que podría darse en el seno de la familia pero que en canje enajenó a los padres su responsabilidad principalísima por la formación de sus hijos, a la vista de retornos (adoctrinamiento, estandarización lingüística) más pertinentes al Estado─nación que al individuo privado del cual obtiene sus recursos vía impuestos.

Los padres actuales se ven, pues, urgidos por las demandas del mundo de la producción que reclama ahora acreditar una maestría para casi cualquier trabajo de escritorio. ¿Sorprenderá descubrir que nuestros magíster saben muy poco? Pero, ¿es que el mercado local les demanda algo más que el cartón? Ojalá las presiones planteadas por el TLC o el canje de deuda por educación pudieran ser fuerzas exteriores al sistema que contribuyan a modificar este  estado de cosas.

Juzgo que una probable raíz de este deterioro está en que tenemos padres poco seguros de los retornos incrementales de la educación, dada la baja calidad general del servicio público, y en muchos casos más baja aún del privado. En Lima al menos, ha habido una migración gigantesca del servicio público malo al servicio privado peor. Por qué? Porque no interesa el resultado de aprendizaje, sino el prestigio que conlleva pagar por enviar al chico a la escuela. En el caso límite muchos padres acogen la idea de colocar a su prole en instituciones educativas no con el propósito de que aprendan, sino que estén vigilados en las horas en que ellos deben trabajar. Sí obtienen un retorno inmediato: esas cinco o seis horas diarias que pueden usar para la actividad productiva.

Otra posible explicación de la baja tensión de la demanda sería la difusa noción de que la educación es una “visa para un sueño”. Los padres la verían como un trago amargo, análoga a la fila que se hace en el consulado de España o de Estados Unidos para obtener una visa. Ni en la educación ni en la visa importa el contenido: ni siquiera hace falta que lo tenga. Basta que te la otorguen. Después ya se verá.

De modo que pese a todos los buenos deseos en contra, sólo una pequeña porción de los padres de familia en el Perú (los que ya confirmaron en carne propia la bondad de los retornos) tiene algo que decir de lo que suceda en el aula de sus hijos en términos de verdaderos logros de aprendizaje. A los demás –desconcertada mayoría­– les basta enviar a sus retoños al aula y confiar en que el Estado y sus maestros los cuiden. Los padres de familia que componen nuestra sociedad civil no exigen calidad: porque no pueden, pero también porque (maltratados años atrás por este mismo sistema educativo) han olvidado para qué la querían.

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mar
07

HAY LUZ AL FONDO DEL TÚNEL (PERO ES UNA CUEVA)

Posteado a las 7 de Marzo de 2012 - 10:08 1 comentario

Cuando se promulgó el año pasado, muchos pensaron que la Ley de Consulta Previa (LCP) era la solución largamente postergada al tema de los conflictos sociales en el país. Era la luz al fondo del túnel, la oportunidad de sacar adelante los importantes  proyectos que el país requiere, dotándolos de las licencias sociales que últimamente resultan tan esquivas y -cuando se dan- tan poco duraderas. La LCP fue unánimemente aplaudida como la inauguración de una nueva relación intercultural y adecuada entre el Estado y sus ciudadanos históricamente más maltratados. Hasta Q’orianka Kilcher nos aplaudió. Quizá eso no era una buena señal, después de todo.

No hay que dejarse distraer por baratijas, espejitos o collares. Concéntrese en el texto.

No hay que dejarse distraer por baratijas, espejitos o collares. Concéntrese en el texto.

En días pasados se ha hecho público el resultado del accidentado proceso de reglamentación por el que ha pasado esta norma. (Hay que poner de relieve que el reglamento de la ley ha sido prácticamente sometido al mismo proceso de consulta previa que es su tarea definir.) No ha sido un éxito. INDEPA, la encargada del proceso, ha hecho pública el acta de las reuniones, revelando un documento cargado de observaciones de los participantes. Eso no es todo: cuatro de las mayores organizaciones de pueblos originarios han rehusado firmar el acta, y piden la derogatoria de la ley.

Gran parte de la oposición indígena a la norma atañe al hecho de que, producido un desacuerdo definitivo, las opiniones de las comunidades originarias no resultarán en obligación para el Estado (“no son vinculantes”). En caso de no acuerdo, la LCP señala que “corresponde a las entidades estatales adoptar todas las medidas que resulten necesarias para garantizar los derechos colectivos de los pueblos indígenas u originarios”… con lo cual estamos igual que antes de la LCP, con el Estado velando a su mejor criterio por los intereses de los pueblos originarios, pero a un costo mayor en tiempo y dinero público (o sea, el tuyo, si es que pagas impuestos).

Con ser la interculturalidad y los derechos que ésta acarrea una materia por demás difícil de normar y regular, las verdaderas dificultades administrativas que tendrá su implementación están en las responsabilidades que se echan sobre los hombros del Viceministerio de Interculturalidad del Ministerio de Cultura (y más precisamente del INDEPA) en los artículos finales. Una perla: el artículo 16 de la Ley manda que “los procesos de consulta deben contar con el apoyo de intérpretes debidamente capacitados en los temas que van a ser objeto de consulta, quienes deben estar registrados ante el órgano técnico especializado en materia indígena del Poder Ejecutivo”.

Tenemos 72 lenguas nativas, y es poco probable que haya traductores-ingenieros disponibles para más de una docena de ellas. Al INDEPA corresponderá también crear y mantener la “base de datos oficial de los pueblos indígenas u originarios” y sus instituciones y organizaciones representativas, sus sistemas, poderes y periodos de mandato, disposición por demás irreal para cualquier entidad pública -e INDEPA no es precisamente el MEF.

La necesidad de identificar quién es indígena y quién no (vieja aspiración virreinal, que llegó a catalogarnos en una docena de cajitas) puede llevar al Estado a ir más allá de lo políticamente correcto, o incluso de lo razonable. Ha trascendido que INEI y RENIEC están a la caza de fondos y asistencia técnica para estudiar al implementación, en los próximos Censos Nacionales, de una casilla de identificación racial, que el Perú saludablemente eliminó ya en la década de 1940. Un índice de cuán errónea es esta solución al problema es que no pocas organizaciones indígenas saludarían esto no como discriminatorio (como lo fue en Perú hasta hace setenta años) sino como una reivindicación o un triunfo.

El borrador de reglamento que se ha hecho público -entiendo que es hasta donde ha alcanzado el consenso- contiene un sinnúmero de huecos procesales que pueden utilizarse creativamente para trabar el proceso y conducirlo al fracaso. Por ejemplo, esta joya de la esquizofrenia representativo / participativa:

“19.5 En caso de haber varias organizaciones consultadas, o varios representantes, con opiniones divergentes, cada una de ellas podrá emitir sus propias opiniones sobre la medida materia de consulta.” Se legitima así que una organización pueda tener varios voceros divergentes, chancando el concepto de representatividad con el de participacionitis.

Lo interesante es que cada vez que alguna organización, algún nuevo representante o alguien que estima serlo, se quiera meter al diálogo, puede hacerlo. El diálogo no arranca de nuevo desde cero, pero el recién llegado puede objetar el proceso, patear públicamente el tablero y no firmar nada, con lo cual es fácil meter intencionalmente al promotor (la institución pública) en problemas, vía hartazgo. Tanto la LCP como el reglamento propuesto abundan en reclamos a la buena fe. Aparte de las resemblanzas inquisitoriales que conlleva la suposición de que hay una fe que es buena, (y otras que no), preocupa el excesivo candor de contar con algo que está casi culturalmente prohibido en nuestro país.

En resumen, vemos que pese a su buena prensa la implementación de la LCP enfrentará dificultades de magnitudes que no se han considerado. No sólo hay arduas cuestiones de fondo, sino una precariedad administrativa en las entidades responsables que las hará incapaces -en el corto y mediano plazo- de realizar las complejas tareas que la aplicación de la LCP supone. En este panorama, es probable que las demoras y postergaciones de la aplicabilidad real de la LCP generen (en base a expectativas frustradas y a exacerbación interesada) más conflictividad social que la que, desde su candor, la misma Ley pretende aliviar.

(Foto tomada de: http://actualidad.azumare.com/qorianka-kilcher-destaca-aprobacion-de-ley-de-consulta-previa )

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  1. Bruno Posteado: 12 de Marzo de 2012 a las 19:53

    Muy buen análisis. Queda claro que por su naturaleza autosateadora la LCP al final sólo servirá como ejercicio mental freudiano y saludo a la bandera del convenio 169 de la OIT. Hell awaits…

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feb
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CAMBIO TOMATINA POR LIBROS VIEJOS

Posteado a las 15 de Febrero de 2012 - 10:46 0 comentario

Es realmente asombroso cómo algunas personas, inclusive algunas que se ven a sí mismos como asiduos lectores, obtienen una imagen tan distorsionada a partir de un texto como lo han hecho algunos de los autores de comments a mi post anterior. Me sorprende, en especial, cómo no pocos de ellos han creido que el texto que posteé se trataba de un fragmento escrito por Iván, y que, pareciéndoles mala literatura, reforzaba sus opiniones acerca del lapidado autor de La Disciplina de La Vanidad.

No, amigos: se equivocaron de blanco para sus tomates. El texto es mío, y si les parece muy malo y no pueden pasar del primer párrafo, o del segundo, o del tercero, Iván Thays no tiene en ello ninguna responsabilidad: es todo obra mía, ni calco ni copia. Les cuento además que el libro al que corresponde terminará sumando más de quinientas páginas, así que imagino que no los tendré como lectores cuando se publique. Está bien. Como he dicho antes, that´s what I do.

Me niego a usar los medios (la radio, los libros, el Internet, el alicate) exclusivamente para el propósito para el que fue creado.

De cualquier manera, como no está en mi agenda contribuir al injusto apaleamiento de Iván, ni tan siquiera a partir de confusiones idiotas como ésa, he decidido cortar los comentarios que revelan que el comentarista está, como se dice en el fútbol, descolocado. Si se trataba de mostrar que el debate (y no la masacre) de ideas y opiniones ajenas resulta inaccesible, creo que ya está hecho. Y francamente ya me harté. Así que paso a otra cosa, esperando que la tomatina cese y pueda retomar la relación que siempre he tenido con mis lectores, usualmente plácida.

De modo que, para el puñado de gentes que todavía esperan que yo pueda aportar algo legible a la suma de superficialidades que conforma la gran masa de lo que se publica en el país (y en todas partes, vamos), les cuento que el jueves 23 de febrero estaré presente en el segundo Congreso Nacional de Escritores de Literatura Fantástica.

Elton Honores -que acaba de establecer en su libro “Mundos imposibles: lo fantástico en la narrativa peruana” algo así como los borgianos precursores de Kafka para el género en el Perú- ha tenido la gentileza de invitarme e incluirme en una mesa que llama Heterodoxos, junto con Harry Belevan, Katya Adaui y Pepe Donayre, a quienes será grato saludar y escuchar nuevamente.

Incluyo un link a la página donde Donayre reseña el libro de Honores, de donde además he saqueado la imagen para este post:

http://www.elportalvoz.com/index.php?option=com_content&view=article&id=3169&catid=7&Itemid=98

En el sitio de Elton encontrarán breves notas biográficas de cada uno de los autores y ponentes invitados al encuentro:

http://eltonhonores.blogspot.com/2012/02/ii-congreso-nacional-de-escritores-de_13.html

Finalmente, como anuncia allí el organizador, sucede que ahora que acabo de mudarme han aparecido algunas cajas con ejemplares de las primeras ediciones (nacionales) de mis títulos publicados: Un Único Desierto (Australis), Casa (Lluvia editores), Cuarenta sílabas, catorce palabras (Lluvia editores) y Test de Turing (Huaca Prieta), que me permitiré llevar al evento para quienes estén interesados en adquirirlos.

Les pego aquí el programa del evento.

II Congreso Nacional de

Escritores de Literatura Fantástica

y Ciencia Ficción Peruana

23, 24 & 25 de Febrero de 2012

Sala de Conferencias de la

Casa de la Literatura Peruana

Programa

Jueves 23 de febrero

Inauguración 16:00- 16:15 hrs

Elton Honores, Presidente del Comité Organizador

Karen Calderón, Casa de la Literatura Peruana

Agustín Prado Alvarado, Casa de la Literatura Peruana

Mesa 1: Fantasía e historia

16:20- 17:40 hrs.

Participan: Amador Caballero, Evelyn García, Isabel Sabogal & Miguel Salomón

Conferencia Magistral

17:45 – 18-40

La narrativa fantástica peruana en el siglo XXI

Elton Honores

Universidad San Ignacio de Loyola

Mesa 2: Heterodoxos

18:45 – 20:00

Participan: Harry Belevan, Katya Adaui, José Donayre & Enrique Prochazka

Viernes 24 de febrero

Mesa 3: Estudios desde los márgenes

15:00- 16:20 hrs

Transgresión y desarraigo en “Un corazón sencillo” de Augusto Higa Oshiro

Francisco Najarro

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Imagen fantástica del Perú en un relato de Bertrand Russell: “Zahatopolk”

César Espinoza

Universidad Nacional Federico Villarreal

Humor e ironía en la construcción de la imagen apocalíptica

de los relatos de ciencia ficción peruana: el caso de María Tellería Solari

Juan Cuya

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Mesa 4: Otras latitudes de la fantasía: el comic y la historieta

16:25 – 17:50

Fantasía: Terror y ciencia ficción en el comic japonés

Jeremy Torres

Neil Gaiman: generando fantasía para varios medios

Hans Rothgiesser

Gore de Miguel Det, la descomposición de un mundo a través de la historieta

Raschid Rabí

Universidad Antonio Ruiz de Montoya

17:55- 18: 45 hrs

Presentación del libro

Lo fantástico en Hispanoamérica

Comentarios: Camilo Fernández Cozman & Elton Honores

Mesa 5: Escritura fantástica

18:50 – 20:00

Mirando lo fantástico. Apuntes sobre la cuentística del grupo Estruendomudo

Jhonny Pacheco

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Experiencia vital y ficción fantástica en la construcción de

“Más allá de la vida y la muerte” de César Vallejo

William Guillén Padilla

La ironía como eje de lo fantástico en

“El día que saltaron los chinos”, de José B. Adolph

José Güich

Universidad de Lima

Lo monstruoso y lo siniestro en El zorro de arriba y el zorro de abajo.

Una indagación en clave fantástica

Santiago López Maguiña

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Sábado 25 de febrero

Mesa 6: Operas primas I

15:00 – 16:00 hrs

Participan: Carlos Vera Scamarone, Luis Arbaiza & Jorge Casilla

Mesa 7: Operas primas II

16: 05 – 17:05 hrs

Participan: David López Alfaro, José Manuel Balta & Piero Duharte

Mesa 8: Otros universos

17:10- 18: 15 hrs

Participan: Rony Vásquez, Julia Wong, Gabriel Rimachi & Lucho Zúñiga

Presentación del libro

18:20- 19:00 hrs

Cuaderno de almanaquero (2011) de William Guillén Padilla

Comentarios de William Guillén Padilla & Elton Honores

Conferencia Magistral

19:05 -20:00

La imaginación liberada

Juan Rivera Saavedra

Clausura

20:00 -20:10 hrs.

Actividad paralela: Viernes 24 y sábado 25 de febrero 15:00 – 20:00 hrs

Exhibición y venta de revistas de literatura peruana y libros de autores nacionales

Participan: Cuerpo de la Metáfora Editores ; Tinta Expresa. Revista de literatura; Ínsula Barataria. Revista de literatura y cultura; Plesiosaurio.

Ingreso Libre.

Casa de la Literatura Peruana

(Jr. Ancash 207, Antigua estación de Desamparados, Cercado de Lima).

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feb
03

PARA IVÁN THAYS

Posteado a las 3 de Febrero de 2012 - 15:36 9 comentarios

Con aprecio, va en solidaridad un fragmento de mi novela.

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Pero, y también de puro difícil, el territorio había determinado que (aunque la hubiera, y mucha) la violencia no fuera realmente necesaria. En ese territorio extremo las comunicaciones y los traslados eran tan arduos que con exasperante frecuencia bastaba la amenaza de la violencia, el amago, el bluff; o su cumplimiento fantasmal: el largo olvido. Como resultado, los pobladores y en especial sus caudillos habían desarrollado una milenaria suficiencia en el arte de fingir. A la orilla de un continente triangular, a ese lugar que se fingía un territorio los habitantes le habían respondido fingiéndole encima un sistema educativo, fingiendo pompas, aduanas, hospitales, honras, sindicatos, horarios, gobiernos. Se fingían ruinas incaicas, tumbas mochicas, arcos moriscos, iglesias góticas, Cristos de Corcovado y pórticos chinos. Como generación tras generación todos estaban en la broma, los ritos y acreencias se cumplían debidamente y hasta las protestas tenían mucho de ritual, de litúrgico. Se protestaba con la expectativa irrazonable de que algo cambiara, de que algo mejorase para mí sin que perdiera yo nada a cambio para beneficio de los demás. Se repetía la misma conducta una y otra vez declarando esperar resultados diferentes: es decir, se proclamaba la insania y se la aseguraba –por medio de doce o trece constituciones emborronadas una sobre la otra— como doctrina de estado. Pero, si uno se tomaba la molestia de analizar costuras y reveses, en el fondo se notaba que cada una de las partes estaba siguiendo un procedimiento riguroso, mutuamente acordado, para obtener resultados idénticos. Sobre esta arena movediza institucional poco coherente –y nada duradero– había sido posible construir: la única certeza que el territorio aseguraba a lo que sobre él se erigiera era la demolición a manos del siguiente caudillo, del asustador vigente, vecino en el tiempo o en el espacio. Y así todo se demolía. Todo, salvo el invencible patrón jerárquico.

Mientras el Ukuku se abría camino en la nieve joven, hacia el paso de montaña, un depredador vestido de blanco estaba agazapado en una pequeña hondonada en la nieve sobre el collado, acechando a su presa desde arriba. Los que habían logrado verlo alguna vez y seguir vivos le decían el Pako—Pakuri. Otros lo llamaban El Condenado, entreverando mito andino y leyenda urbana. Su vestimenta era una extraña túnica blanca, que, aunque de aspecto brillante, no parecía reflejar los rayos del sol sino trasuntar la luz de lo que estaba detrás de ella, en este caso, el relumbre de la nieve sobre el glaciar. Su presa nunca podría ver más que un temblor en el aire helado: un instante después lo abatiría la muerte.

Tal vez exagero. De este proceso de extravagante molienda se han salvado la literatura y la gastronomía, quizá porque son ellas mismas las extravagancias, las apoteosis y los firuletes del proceso. La literatura era el único discurso coherente que el país –vamos, que unos pocos pobladores del país: incesantes briznas, el humo rosado de amargas contraseñas sin fortuna– habían logrado colocar en el imaginario del mundo. Las razones de esto no podían ser analizadas sin hacer, también, ficción. Tal era la función de críticos y académicos que habían dado en imaginar un país real en el que estas cosas fingidas sucedían realmente. Aunque lo más probable es que sólo fingieran hacerlo.

El caso de la gastronomía ilustraba una faceta diferente y aún más reveladora de la identidad local. La gastronomía nacional supo crecer y hacerse grata (y después exportarse al mundo) precisamente a causa de este deleite por lo pasajero que sienten los habitantes del país, esta recia estirpe de cigarras. Se cocina algo –en el más social de los casos, en salivante grupo baldeado con alcohol– y se consume y eructa poco más tarde el mismo día. (Aunque parecido, el trámite sexual por el que también se desviven los pobladores se compensa al menos porque contribuye a que haya más cigarras.) En contraste con esta justificatoria, las artes culinarias constituyen su propia culminación. No hace falta imaginar cuán pocas posibilidades nutricionales a largo plazo tienen quienes se atiborran de una dieta rica en gratificaciones instantáneas. El resultado no es una nación: es una adicción, y también probablemente una esclerosis múltiple, este chicharrón cultural que los mantiene pegados sin estar unidos.

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  1. George Posteado: 19 de Febrero de 2012 a las 8:24

    Si no les gusta nuestra comida entonces no los coman pero tampoco hagan mala propaganda parece q fueran el enemigo dentro del pais como dice la cancion de los prisioneros “Por que no se van del pais”

  2. Yelinna Posteado: 15 de Febrero de 2012 a las 19:30

    Todo ha sido falsedad desde el inicio: nuestras figuras heroicas, nuestros santos, nuestras creencias, nuestros ideales. En este país sin orgullo ni autoestima, la nación se une y se ofende al escuchar que se critica a su comida, algo ligado al instinto animal y al estómago, mas no al intelecto.

  3. Bruno Posteado: 15 de Febrero de 2012 a las 18:27

    Mi solidaridad también con Thays, cuyo “Viaje Interior” es una de mis novelas de escritores nacionales favoritas. A ti, estimado Enrique, mis condolencias pues ningún Réquiem que hagas será nunca entendido y menos compensado (El país solo juega fútbol, y los goles los hace con el lóbulo parietal izquierdo…)

  4. Juan Carlos Posteado: 14 de Febrero de 2012 a las 21:11

    IVAN, ERES MUY ABURRIDO Y TNA PESADO COMO LA COMIDA PERUANA QUE CRITICAS, EN FIN, LEI A VARGAS LLOSA, BRYCE, GARCIA MARQUEZ, ETC, ETC, Y TU CON TUS ESCRITOS SOLO ME QUEDO CON LA IDEA DE CATALOGARTE DE “MEDIOCRE” Y AHORA COMO TE SENTIRAS CON LA SENSACION DE QUE MUCHOS TE ABORREZCAN… Y NO SEAS RECONOCIDO POR TUS VIRTUDES…

  5. RAMON TATAJE CASTILL Posteado: 14 de Febrero de 2012 a las 16:57

    AMIGO LAS VERDADES DUELEN, ESTOY DE ACUERDO CON UD. LA COMIDA PERUANA ES INDIGESTANTE, UTILIZAN MUCHO CONDIMENTOS EN FORMA ABUNDANTE COMO EL AJI PANCA, COMINOS, PALILLO, PIMIENTON, CULANTRO, ETC, EL ACEITE Y LA GRASA POR TONELADAS, SOLO PARA CITAR UN PLATILLO “EL MANCHA PECHO CHINCHANO” UN HORROR, SALUDOS

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feb
01

EL ARGOLLERO QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO

Posteado a las 1 de Febrero de 2012 - 13:50 0 comentario

A veces, uno lee.

Y entonces la capacidad de leer (el par de ojos miopes, la voluntad tercamente concentrada en la página, la mayor o menor pericia en descifrar significados) es un ujier: uno de esos pomposos personajes de palacio que anunciaban casi a gritos, con un gran golpe de bastón en el suelo, la llegada de la Duquesa Tal, del Comendador Cual, del Marqués de Yoquesé o de Su Excelencia Quiensea. El anunciado esperaba que el ujier lo reconociera, desde luego, recordara cada uno de sus títulos, pero en caso de olvidos siempre estaban propinas, o las tarjetas. También habría una cuidadosa pausa que el recién llegado se daba en su avance, para que todo el salón tuviera tiempo de voltear a mirarlo.

La capacidad de leer, decía, es el ujier de un repertorio de temas que, con no poca vanidad, con frecuencia se comportan parecido a esos Condes y Duquesas: esos temas aspiran al reconocimiento, incluso al guiño de la familiaridad que sucede tras el golpe del bastón en el suelo. El origen del lenguaje, las formas y ritmos caóticos del tráfico, el Holocausto en la perspectiva de los anteriores Holocaustos, el viaje en el tiempo y sus paradojas, la cultura Grotta-Pelos, la cultura Harley-Davidson, la bizantina cuestión de cuándo se jodió el Perú son frecuentes invitados al salón que yo frecuento. Pero al rato uno se da cuenta de que ese ujier que comanda y dosifica nuestra lectura es, verdaderamente, un argollero. Sólo nos está presentando a sus amigos: no a gente necesariamente interesante, sino a gente de su camorra, de su vieja argolla. Gente que ya leímos, temas que probablemente le pagan o deben favores. Así, el ujier filtra, selecciona, esconde tanto o más de lo que accede a revelar. No creo que baste suponer que el ujier tiene (o comparte) nuestra edad, nuestros gustos y nuestras lealtades. Creo que su papel es más tenebroso. Creo que ese ujier ha causado nuestros gustos y disgustos, nuestras lealtades y deslealtades: en suma, nuestra avanzada edad.

El atormentado sueño de Goya también depende, finalmente, de un filtro que prefiere ciertos búhos a otros y ciertos murciélagos a los de más allá.

El atormentado sueño de Goya también depende, finalmente, de un filtro que prefiere ciertos búhos a otros y ciertos murciélagos a los de más allá.

También, probablemente, ese ujier que preside nuestra lectura no le tiene mucha paciencia a los repertorios del lector vecino, a las amistades del palacio de enfrente. Lo cual nos hace preguntarnos por el ujier del vecino, por su propia y diferente argolla, por cómo, a través de los años, ese juego de astucias, escondrijos y camarillas también ha causado a nuestro vecino. Porque para el ujier del vecino -si él también le zampa, como sospechamos, un filtro- agradables y bienvenidas visitas como las maravillosas indecencias de lo fractal, las complejidades del diálogo entre el Material y el Diseño, la particular naturaleza ondulatoria de la luz, la resistencia aerodinámica resumida en placa plana, el demoledor efecto de ariete de los flujos de agua dentro de las cañerías, el carácter hiperbólico -en el sentido matemático- de los objetos de deseo sexual, la reserva de ritmo cardíaco, las desordenadas búsquedas de El Dorado, el Paititi, El Grial, la Fuente de la Juventud, el arco de Tilman y el túnel de Pavirontsi, la cadena de oro de Huáscar, la tumba de Gengis Khan, el meteorito de Chixtlub, la evolución de la fila HOX, las posibles metafísicas de Pi, la sobrecogedora sublimación de los clatratos de carbono, el carácter severo de los húngaros, los océanos de la luna Europa, el prisma de Hågerstrand (hermoso apellido que significa algo tan prosaico como “playa de la derecha”), la historia seminal del náufrago Alexander Selkirk, y, en fin, los indiscutibles efectos cancerígenos del Big Bang, gratas visitas de ese tipo, temas bacanes como éstos, decía, que acuden cotidianamente a mi choza mental y que, en suma, me divierten, pueden no suscitar ningún interés para el vecino de enfrente, o, más exactamente, para su implacable, corrupto ujier.

Nada cuesta adivinar que probablemente por ese argollero repertorio los argolleros vecinos no me leen.

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ene
11

CÓMO POSTEAR CASI CALATO

Posteado a las 11 de Enero de 2012 - 16:45 0 comentario

Afecto a la etimología fantástica, a mi maestro Fernando Fuezalida solía seducirlo urdir sótanos y subsótanos interesantes para cualquier palabra que resultara sugestiva en medio de la conversación, no necesariamente en clave humorística y mejor todavía si nadie se daba cuenta. Expliqué algo de esos procedimientos de funámbulo en el prólogo a su magnífico libro “Tierra Baldía”, obra de primera línea que que hace rato clama por una reedición.

Uno de los oscuros calabozos subterráneos del Hotel Fuenzalida hospedaba la hipótesis de que el origen del peruanismo “calato” no se encontraría en el quechua, como lo aseguraban Martha Hildebrandt, Cerrón Palomino y otros especialistas, sino, cómo no, en la lengua Avéstica. Fuenza (así lo llamábamos desde 1936, más o menos) había encontrado que la lengua Parsi conservaba, en una versión del mito edénico,  una versión Pahlevi del (ágrafo y antiquísimo) Avéstico, que se podría escribir más omenos “QALATHWG”, pronunciarse no lejos de ”jalátúg” y todavía significar, seis mil años después de la expulsión de la pareja desnuda del Paraíso, ”CALATO”. Vaya ud a comprobar que no existen fuentes para lo que afirmaba uno de los mayores eruditos que ha dado América Latina.

Bueno, frente a mis lectores, aquí me encuentro de nuevo, bastante QALATHWG por haber sucumbido mis soportes digitales a un virus herrabundo (aquí un castizo Fuenza diría, por ejemplo, que “herrabundo” es el que vaga provisto de herraduras). No es la primera vez que me sucede. Tampoco es la primera vez que cuando me sucede pierdo un libro completo: cierta vez la buena persona que estaba reconfigurando mi disco duro me eliminó una novela corta que estaba bastante avanzada y que ponderaba los horrores económicos, sociales, eróticos y hasta metalmecánicos que produciría una buena lluvia tropical en Lima si se prolongaba durante más de tres días. A diferencia de T. E. Lawrence, a mí me viene dando una pereza enorme empezarla de nuevo (Lawrence, Lawrence de Arabia, “Orans” para más señas, escribió recostado en una duna durante una década, el enorme “Los siete pilares de la sabiduría”, sólo para perder el manuscrito en la estación del tren que lo llevaba al publicista en Londres. Buscó otra duna y lo escribió de nuevo).

Felizmente, además, yo estaba escribiendo al mismo tiempo otro mamotreto, que ya se acerca a las quinientas páginas (me cuesta mucho expresar una idea completa en menos de ciento cuarenta páginas), y héte aquí que una copia caleta de aquello ha sobrevivido en otro disco duro. Sea ésta la (frondosa) hoja de parra con la que me atrevo, todavía, a presentarme ante uds. mis lectores, a postear de nuevo y fingir que aquí no ha pasado nada.

Ahora que lo pienso, demasiado llevado de la mano por Georges Dumezil, Fuenza alguna vez me comentó algo francamente insostenible acerca de las raíces indoiránicas o escandinavas de la palabra “caleta”, pero lo anoté en el disco duro que ahora se me ha borrado, y entonces.

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dic
01

PRISIONERO DE LA DURACIÓN

Posteado a las 1 de Diciembre de 2011 - 9:09 0 comentario

Sin detenerse en las causas de la condena, un personaje describe (a ratos en primera  persona pero después esto es problemático) su afiebrada celda. Es un calabozo que no está hecho de materiales sino de momentos. Al prisionero de la duración lo cercan instantes que son ofensivamente iguales todos los días. El límite próximo sucede cuando se cepilla los dientes y ese instante idéntico se replica, como un ladrillo en sus vecinos apilados en un muro -denso de densidades más clásicas- durante medio siglo ya. Ese muro durativo hace esquina con otro, construido a partir de imparables latidos cardiacos. La esquina es húmeda y sombría; la esquina sucesiva lo habita cada mañana y lo hospeda y cerca y encierra desde el sentido interno, dice un libro de Kant. A veces el prisionero prefiere este rincón, a veces cruza la celda en diagonal -arrastrándose sobre baldosas de espera- y dormita en la esquina opuesta, donde confluyen innúmeros momentos en los que se sienta en una silla metálica y pone un maletín en el suelo con abundantes ratos largos cuando se recuesta en rellanos de hermosas escaleras de cedro con la cabeza colgando hacia abajo y pensando, desde 1963, en la futilidad de toda empresa. El suyo es un sueño intranquilo en el que su cansancio fantasea que el cielorraso, una placa gris hecha de un único y pesado trozo de muerte, empieza a resquebrajarse por las esquinas y finalmente le cae encima con gran estrépito y polvareda, aplastándolo.

Pero no. Es sólo un sueño.

 

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